Las antiparras

Por Rodrigo Valla
Facilitador EAI

Una vez hace mucho tiempo, alguien se tiró al río y al abrir los ojos debajo del agua, se dio cuenta de que no podía ver nada. Seguramente ese alguien se haya preguntado inmediatamente por qué le sucedía eso. Hoy sabemos que se debe a que el índice de refracción de la córnea es muy similar al del agua.
Como todo problema, el no poder ver debajo del agua puede ser resuelto con un invento. Las primeras antiparras de las que se tiene noticia, son las que usaban los persas buscadores de perlas en el siglo XIV. Las construían con pedazos pedazos pulidos de caparazones de tortugas.
Los buzos polinesios inventaron unas antiparras construidas en bambú o madera que no tenían vidrios.  Funcionaban atrapando una burbuja de aire entre el ojo y el agua. Aunque obligaban al buzo a nadar mirando siempre hacia abajo.
Antiparra con cronómetro (1988)
Jo Mysliwiec y Ted J. Ellis, Jr
Recién en 1935, Walter Farrell obtendría una patente para su Underwater eye protector (protector para ojos bajo el agua), unas antiparras muy similares a las que hoy usamos para nadar. Por su parte, Alexandra Kramarenko obtendría en 1939 una patente para sus antiparras de buceo (Underwater goggles). Antiparras  que incluían un pequeño globo para compensar (en parte) la diferencia de presión entre ambos lados del cristal a gran profundidad.
Las antiparras comenzaron a usarse en las competencias de natación recién a fines de la década de 1960. Los nadadores no las aceptaron rápidamente por resultarles incómodas. Hoy tenemos muchísimos modelos para elegir cuando decidimos nadar. La gran mayoría de ellos, inventados después de 1990.

Festejamos nuestro día

El pasado sábado 29 de septiembre se realizó la celebración del  Día del Inventor. Un momento durante el que todos pudimos disfrutar de la exposición anual de inventos de la Escuela Argentina de Inventores a la que se sumaron los participantes del Programa Inventar de la Escuela Del Sol.
La celebración culminó con una entrega de premios durante la cual se dio a conocer al mejor joven inventor del año. Fue Franco Masella, quien recibió el Premio Carlos Iraldi.
Además nos enteramos de que, por decisión del jurado, Tomás Scheffer fue el ganador de la XIII Olimpiada Argentina de Inventiva. Competencia en la que también se destacaron Julieta Plut, Gino Tubaro y Alejandro Pacagnini.
No podemos dejar de mencionar el incondicional apoyo recibido de parte de Mariana Biro y la Escuela Del Sol, así también como la presencia y colaboración de un gran número de inventores profesionales. Por último, sólo resta mencionar a Lucía Maranca, quien desde hace 15 años nos brinda la posibilidad de realizar el Premio Carlos Iraldi en memoria de su esposo Carlos.