Reconocimiento para Alejandro

Alejandro durante la edición 2008 de la OAI.
El pasado jueves 10 de octubre, Alejandro Pacagnini se transformó en uno de los ganadores del concurso #Desafiate, organizado por Social Lab. Por supuesto no es el primero de los logros de Alejandro, quien recibió en 2007 la Medalla de la OMPI al mejor inventor joven del año. También se destacó en distintas ediciones de la Olimpiada Argentina de Inventiva, resultando ganador en 2008.
En esta oportunidad su proyecto Larrop6 fue reconocido por el jurado de #Desafiate y Alejandro recibirá un monto en capital semilla para su proyecto y también una beca para Naves, el concurso de planes de negocio organizado por el IAE de la Universidad Austral.

Merecido festejo

El pasado sábado 28, recordando a Ladislao Biro, festejamos el Día del Inventor en Argentina. En la Escuela Del Sol, Lucila Molina obtuvo el Primer Premio de los  Premios Carlos Iraldi a los jóvenes talentos inventivos del año y Tomás y Julieta Scheffer se llevaron dos Menciones de honor.
Se conoció también la decisión del jurado de la XIV Olimpiada Argentina de Inventiva (OAI), resultando ganador Tomás Scheffer y obteniendo sendas Menciones de Honor Julieta Scheffer y Juan Martín Wallach.
¡A seguir inventando!
Lucila Molina
Julieta y Tomás Scheffer

Día del Inventor 2013

Como todos los años el próximo 29 de Septiembre, recordando a Ladislao Biro, festejaremos el Día del Inventor en Argentina. Como parte de estos festejos el próximo sábado 21 por la mañana, en la Escuela Del Sol se llevará a cabo la XIV Olimpiada Argentina de Inventiva (OAI) en la que chicos de entre 6 y 16 años aceptarán el desafío de inventar en tiempo real. Se les darán 3 problemas y tendrán que proponer un invento para resolver cada uno, realizando una maqueta o prototipo para uno de los 3.
El sábado 28, también en la Escuela Del Sol y a las 17:00hs, se llevará a cabo la exposición anual de inventos de la Escuela Argentina de Inventores, se entregarán los Premios Carlos Iraldi a los jóvenes talentos inventivos del año y conoceremos al ganador de la OAI.

El Ciclo Inventivo

Las distintas etapas del Ciclo Inventivo
En la Escuela Argentina de Inventores creemos en el trabajo serio, sostenido y metódico del inventor profesional. Y si bien no podemos compartir recetas mágicas para tener éxito, sí creemos que hay ciertos pasos que nos aseguran estar haciendo un buen trabajo y minimizar los riesgos.
¿Qué etapas tiene el proceso de inventar? Sin duda la primera es identificar un problema. Algo que nos molesta, que no funciona bien o que resulta peligroso. Porque un problema no es más que una oportunidad. Vale la pena ser observador para poder visualizar esta oportunidad también en la incomodidad de los demás.
Después vienen las ideas. En general suelen ser muchas y variadas. La gran mayoría no tendrán verdadero valor y habrá que descartarlas. Surgen de preguntarse cómo resolver el problema de una manera rápida, simple, barata y segura.
Luego resulta necesaria la planificación. Necesitamos buscar información relacionada con las ideas en las que estamos trabajando. Dibujar y analizar ventajas y desventajas. Diseñar la manera de poner a prueba las distintas hipótesis de trabajo surgidas en la etapa de las ideas, para después realizarlas y poder confirmar cuáles de las ideas preliminares son viables.
Durante las pruebas construimos maquetas y prototipos elementales. Experimentamos y sacamos conclusiones. Hacemos planos o dibujos con mayor grado de detalle.
Finalmente, para alcanzar el final del ciclo, realizamos un prototipo funcional para verificar nuestras conclusiones. Y entonces estamos listos para dos cosas: para defender nuestro proyecto inventivo y para empezar el ciclo de nuevo. ¡Porque el mejor invento es el próximo!

Inventos y remedios

Ricardo mientras nos contaba acerca de sus inventos.
El último sábado Ricardo Maclen nos visitó en la Escuela de Inventores. Y no podía venir sin sus inventos encima. Así fue como nos mostró vídeos y folletos de su emblistadora manual y la nueva emblistadora semiautomática. Se trata de inventos pensados para permitir que pequeños laboratorios y farmacias puedan envasar los medicamentos que preparan a baja escala como lo hacen las grandes empresas. También trajo a la escuela una encapsuladora que permite rellenar un gran número de cápsulas de una vez, facilitando en gran medida el trabajo del farmacéutico al preparar recetas magistrales.
Todos disfrutamos mucho la visita de Ricardo, porque siempre es estimulante recibir en nuestro espacio a inventores profesionales que viven de sus inventos. Pero lo más divertido vino después, cuando durante la clase, todos los chicos aceptaron el desafío de proponer nuevas posibilidades para envasar medicamentos y pusieron su atención en resolver distintos los problemas vinculados.

A pensar de nuevo

Por Malena Temerlin

Mi primer invento es del 24 de agosto del 96: una "carretilla sembradora". Me acuerdo que se me ocurrió después de una clase en la Escuelita donde Eduardo nos contó la historia de Leonardo Da Vinci y sus inventos. El número 90: el último que aparece en el cuaderno es del 21 de agosto del 2000 y es un cinturón de seguridad para colectivos.
Hacía 12 años que no iba a la Escuela de Inventores pero rompí con la racha el sábado 15 de diciembre. Fui con un amigo de TECHO (Un Techo para mi País), la organización en la que trabajo hace cuatro años y desde donde todavía paso los días buscando resolver problemas.
A resolver problemas aprendí en la Escuela de Inventores, porque lo primero que se aprende ahí es que todo puede ser mejor si uno se lo propone. Lo único que hace falta es romper paradigmas, despojarse de lo adquirido y empezar a pensar de nuevo.
Me pidieron que les cuente a los chicos sobre mi paso por la Escuelita y lo que estaba haciendo ahora. Charlamos un rato acerca de las familias que no tienen una vivienda digna y terminamos armando una maqueta de las viviendas de emergencia que construimos con TECHO en todos los países de Latinoamérica.
Malena, Jorge y la maqueta con la que explicaron
cómo se construyen las viviendas de emergencia.
A medida que íbamos armando la casita surgían preguntas de los chicos, preguntas que fueron la base para empezar a pensar cómo se pueden mejorar estas viviendas de las que ya existen más de 80 mil en nuestro continente.
Sin duda fue una mañana hermosa y llena de recuerdos de la infancia que siguen encontrando espacio dentro de mí, que proponen volver a pensar ideas nuevas que cambien el mundo sabiendo que todo es posible si soñamos llegar más lejos y reconocemos que todo se puede mejorar. Sólo hace falta romper paradigmas, despojarse de lo adquirido y empezar a pensar de nuevo.