A pensar de nuevo

Por Malena Temerlin

Mi primer invento es del 24 de agosto del 96: una "carretilla sembradora". Me acuerdo que se me ocurrió después de una clase en la Escuelita donde Eduardo nos contó la historia de Leonardo Da Vinci y sus inventos. El número 90: el último que aparece en el cuaderno es del 21 de agosto del 2000 y es un cinturón de seguridad para colectivos.
Hacía 12 años que no iba a la Escuela de Inventores pero rompí con la racha el sábado 15 de diciembre. Fui con un amigo de TECHO (Un Techo para mi País), la organización en la que trabajo hace cuatro años y desde donde todavía paso los días buscando resolver problemas.
A resolver problemas aprendí en la Escuela de Inventores, porque lo primero que se aprende ahí es que todo puede ser mejor si uno se lo propone. Lo único que hace falta es romper paradigmas, despojarse de lo adquirido y empezar a pensar de nuevo.
Me pidieron que les cuente a los chicos sobre mi paso por la Escuelita y lo que estaba haciendo ahora. Charlamos un rato acerca de las familias que no tienen una vivienda digna y terminamos armando una maqueta de las viviendas de emergencia que construimos con TECHO en todos los países de Latinoamérica.
Malena, Jorge y la maqueta con la que explicaron
cómo se construyen las viviendas de emergencia.
A medida que íbamos armando la casita surgían preguntas de los chicos, preguntas que fueron la base para empezar a pensar cómo se pueden mejorar estas viviendas de las que ya existen más de 80 mil en nuestro continente.
Sin duda fue una mañana hermosa y llena de recuerdos de la infancia que siguen encontrando espacio dentro de mí, que proponen volver a pensar ideas nuevas que cambien el mundo sabiendo que todo es posible si soñamos llegar más lejos y reconocemos que todo se puede mejorar. Sólo hace falta romper paradigmas, despojarse de lo adquirido y empezar a pensar de nuevo.